El autostop eclesiástico de los sacerdotes rusos
En el libro «La iglesia del autostop» del sacerdote ortodoxo ruso Aleksej Uminskij y la periodista Ksenia Luchenko, publicado en abril por Vidim Books, la destitución de un sacerdote, la suspensión de su ministerio y su reducción al estado laical en la Iglesia ortodoxa rusa se presentan como totalmente arbitrarios. No hay una investigación preliminar, no hay tiempo para examinar las acusaciones. El sacerdote simplemente recibe una notificación firmada por el presidente del tribunal eclesiástico, sin ningún tipo de justificación, que comunica su reducción al estado laical. Esto significa que ya no es sacerdote y no puede celebrar la liturgia, escuchar confesiones, administrar la comunión, bautizar, casar y demás; en resumen, ya no es la persona que ha sido toda su vida.
El sitio web Sistema ha investigado cómo están estructurados los tribunales eclesiásticos en Rusia, cómo se llevan a cabo las investigaciones, quiénes son los jueces, quién escribió y quién interpreta las leyes y, finalmente, si los sacerdotes pueden evitar la arbitrariedad judicial. La iniciativa pública «Cristianos contra la guerra» ya incluye al menos 47 sacerdotes y diáconos de la Iglesia ortodoxa rusa que han sido objeto de diversas formas de represión, desde la suspensión del ministerio hasta la reducción al estado laical, por sus posiciones pacifistas y por la negativa a recitar la «Oración por la Victoria de la Santa Rus» prescrita por el patriarca Kirill, en la cual el sacerdote informa al Señor que «he aquí que quienes quieren hacer la guerra se han alzado contra la Santa Rusia» y pide «la victoria por Tu poder».


Mientras la violencia sigue transformando Oriente Medio, las comunidades cristianas de Tierra Santa y Líbano se encuentran en la encrucijada del conflicto armado, la catástrofe humanitaria y la creciente preocupación por la libertad religiosa. Los recientes acontecimientos —desde la interrupción de una celebración mariana católica en Cisjordania hasta el empeoramiento de la situación en Gaza y la nueva escalada militar en Líbano— han intensificado los temores entre las iglesias locales de que el frágil tejido social de la región se encuentre bajo una presión sin precedentes.
Los últimos datos globales sobre la persecución anticristiana presentan un panorama desolador e inquietante. Según la Lista Mundial de Vigilancia 2026, publicada por Puertas Abiertas el 14 de enero, el número de cristianos que viven bajo niveles altos o extremos de persecución ha ascendido a más de 388 millones en todo el mundo, un incremento de 8 millones en comparación con el año anterior. En la práctica, esto significa que uno de cada siete cristianos a nivel mundial se enfrenta a graves discriminaciones, presiones o violencia debido a su fe.
La persecución de los cristianos por motivo de su fe sigue siendo un tema alarmante. Los datos son muy poco esperanzadores. Según el informe anual presentado por la organización Puertas Abiertas el número total de cristianos asesinados fue de 5.621 casos registrados y el número total de iglesias atacadas bajo diferentes niveles de violencia alcanzó las 2.110. En todo el mundo: uno de cada siete cristianos experimenta, al menos, niveles altos de persecución o discriminación; uno de cada cinco en África, dos de cada cinco en Asia y uno de cada quince en América Latina.
Fue George Orwell el que acuñó una frase que se ha hecho paradigmática: todos somos iguales, pero unos más que otros. Aparece en una de sus más conocidas obras, Rebelión en la granja, en que satiriza la revolución bolchevique. Se suele citar para mostrar las contradicciones en que incurren los sistemas basados en el comunismo.
El domingo 15 de enero de 2023 estalló un artefacto explosivo en una iglesia de la provincia de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo, que causó al menos 17 muertos y una veintena de heridos graves.