Derecho a la igualdad en el humor

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Derecho a la igualdad en el humorEstos días hay que comentar, una vez más, un insulto a la Iglesia. En esta ocasión procede de una importante administración pública. El ayuntamiento de Madrid ha decidido fomentar el fútbol femenino en las escuelas, y entre otros medios, ha editado un comic, en el que la protagonista, una niña que quiere jugar al fútbol pero que se enfrenta a varias dificultades, cuenta sus peripecias.

En una de las viñetas aparece un sacerdote, del que la niña protagonista nos dice: “también os debo presentar a mi archienemigo, el padre Manuel, director del colegio”. El sacerdote, perfectamente vestido con sotana y alzacuellos, enarbola un dedo recriminador y con gesto de enfado le dice: “Anita, deberías jugar al voleibol. Es un deporte más adecuado para las niñas”. En la última viñeta aparece Anita jugando al fútbol con un niño y una niña, siendo perseguidos los tres a la carrera por el padre Manuel, una vez más enojado.

El ayuntamiento de Madrid, en la nota de prensa que emitió, explica que el comic se quiso hacer “en clave de humor”. No habla del sacerdote que aparece en sus viñetas, pero sospecho que la referencia al humor es una alusión: como si quisieran prevenirse ante las críticas que van a llover.

Pienso que no hay mucho que comentar porque el argumento es muy burdo. En mi opinión, el riesgo es que los católicos nos acostumbremos, como si dijéramos: “ya está otra vez, se burlan de nosotros y además nos dicen que hemos de aguantarnos porque no es más que una broma”.

Estoy de acuerdo en que el humor tiene un lugar en la sociedad y es una forma de crítica en sí misma sana. ¿Pero por qué las bromas son siempre hacia los mismos? ¿Se imagina el lector qué pasaría si yo publicara un relato de humor en el que caricaturizara a ciertos grupos hoy muy influyentes (no los voy a citar, cada cual que imagine lo que quiera) y aparecieran (es solo un chiste) como intolerantes, orgullosos, ambiciosos o retrógados? ¿No me lloverían las críticas por todas partes, no sería calificado yo de intolerante, no me obligarían a pedir perdón a esos grupos en público y seguramente ni aun así bastaría porque me harían el vacío social?

¿Por qué las bromas siempre son hacia los mismos, y los bromistas no aguantan nunca una? Pido el derecho a gastar bromas en igualdad de condiciones.

No se preocupen esos chistosos, yo no voy a hacer bromas con ellos ni siquiera como venganza porque sigo el consejo del Evangelio de tratar a los demás como yo quiero ser tratado (Mt 7, 12) y de poner la otra mejilla (Lc 6, 29). Pero la pregunta de fondo sigue válida: ¿por qué siempre son los mismos los que tienen más derechos que otros en la sociedad?

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